Intentó desnudarse por completo, pero no logró soltar el nudo que tenía en la garganta.

miércoles, 18 de enero de 2012

Doble indentidad...

Supongamos que dejas de fumar, que abandonas la bebida, que te quedas en casa por la noche, que renuncias a la pequeña porción de locura que has conservado como un tesoro. Supongamos que dejas de comer cosas insalubres, que te introduces a la fibra y el yogur desnatado. Imaginemos que empiezas a ir al gimnasio y que fortaleces tus músculos, consigues vientre plano y te duchas con agua fría.
Imaginemos que todo esto te lleva a estar de mejor humor, a ser más regular en tu día a día y a madrugar sin problemas para hacer quince minutos de ejercicio antes del desayuno. Imaginemos que te apuntas a una asociación y que tu vida cambia, hasta el punto de convertirte en otro.
Todo esto está bien, quien lo ha pasado lo sabe. El problema no es lo que se gana, que es obvio, sino lo que se pierde. No cada una de aquellas cosas aisladas, sino el conjunto en sí: un individuo.
Ese individuo ya no está contigo, pero seguramente no se ha ido, nunca se va del todo. Y si no se ha ido ¿qué harás con él los domingos por la tarde?, ¿Qué le dirás cuando te pregunte por qué lo ocultas? Sus palabras te producirán nostalgia, y su ausencia melancolía. Y verás que eres otro, en efecto, en la identidad del anterior, que no cesará de pedir que le hagas un hueco en tu existencia.
Comprenderás entonces que la vida es un convenio colectivo, un pacto perpetuo entre el otro y tú. Es posible que lleguéis a un acuerdo, pero nunca a una síntesis, porque representáis intereses tan distintos como el capital y la clase obrera.
En todo caso, si después de haber sido uno te conviertes en otro, ya siempre seréis dos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario