Intentó desnudarse por completo, pero no logró soltar el nudo que tenía en la garganta.

sábado, 31 de mayo de 2014

M.

"El problema era yo y lo que traía conmigo,
mi manera de huir hacia delante.
El problema era sencillo: 
Hacer el amor no tiene gran complicación.
Lo realmente difícil es deshacerlo."



Apuntes sobre mi paso por el invierno.
Marwan. 

martes, 4 de marzo de 2014

Medio o nada

Siempre he pensado que en nuestros burdos intentos de llegar a ser quien queremos ser, perdemos la parte de nosotros que nos hace ser quienes somos. Y así nos pasa con el amor... En nuestro afán de completar a alguien, y sentir que necesitamos que nos completen, perdemos una parte de nosotros mismos; justo esa que nos hace independientes y autosuficientes. Y es que nos tienen tan acostumbrados a la historia de la media naranja, que a veces se nos olvida que hay naranjas enteras! y que hay personas que necesitan sentirse íntegras por ellas mismas antes de convertirse en un binomio. Parece asombroso, pero, mujeres del mundo: hay otras mujeres que abren solas sus botes de tomate! que cuelgan cuadros y atornillan estanterías!Y la cosa no queda aquí, hombres de la tierra: hay otros hombres que almidonan sus camisas, hacen tartas y saben dónde buscar las cosas que no encuentran!
Quiero decir que los tópicos no están ahí para cumplirlos; que la media está bien, pero es la desviación típica la que da vidilla a la vida. Y que el mundo está lleno de gente buscando enamorarse como solución a sus problemas, como si a veces conseguirlo no fuera el principio de un problema aún mayor, como si la soledad fuera simplemente estar solo, y no significase estar vacío.
Por eso busca tus soluciones, complétate con aquello que te haga prosperar, crea versiones de ti mismo y no dejes de asegurarte de que cada una es mejor que la anterior, pero sobretodo, no olvides que el primer amor, siempre debe ser el amor propio.

viernes, 31 de enero de 2014

Happy new year!

¿Llego tarde?

Poco a poco he ido olvidando la satisfacción de juntar letras en este pequeño espacio, y sí que es verdad que es una de las cosas que echo de menos...
Siempre he pensado que hay que tener mucho cuidado con ponerse a escribir en "días grises", ya que, ni mucho menos, nos saldrán "nubes rosas". Tampoco es adecuado eso de plasmar toda tu felicidad, porque creo (y esto no es ningún secreto) que no suele gustar eso de leer sobre unicornios sobrevolando arco iris y ver lo superfeliz que es alguien, más aún si tú no lo eres.
Dicho esto, si me das a elegir, siempre elegiré una noche de tristeza para teclear. Estar hundidos hace que salga a flote nuestro lado más desgarrador, nos permite transmitir mucho más profundo y fuerte, consternar, afligir, desconsolar al lector... La carga de la pena siempre lastra más que el peso de las sonrisas...
Si bien Neruda presumía de "poder escribir los versos más tristes esta noche", estoy segura de que no mentía.

A decir verdad mi problema no es ese... No me he apartado por falta de tiempo, por pereza, excesiva alegría o desmesurada tristeza, es algo aún peor: indiferencia.
No hay peor sentimiento que no sentir nada, y a los hechos me remito. No puedes vaciarte de preocupaciones o angustias si ni te preocupa ni te angustia nada; no puedes compartir tus episodios maníacos de felicidad si antes de que cojas un boli, se han esfumado, y mucho menos puedes hablar de ilusiones, aficiones o planes, cuando ante todo esto solo quieres correr en dirección contraria.
Hace no tanto entendí exactamente lo que pasaba: mi saco se había roto.
Nunca pensé que algo tan simple como un saco evocara tantas cosas, pero la explicación me dejó sin palabras (y eso no pasa a menudo): todos tenemos un saquito que vamos llenando con las cosas que realmente nos hacen sentir bien, como recibir cariño, sentirnos valorados, etc; pues bien, en algún momento del camino mi saquito se rompió, y ahora tiene un gran agujero en el fondo... Todo lo que entra sale, y por eso a mí, y seguro que a más de uno, nos resulta tan difícil sentirnos "llenos", porque esa sensación tarda en disolverse lo que tarda un reloj de arena en pasar el tiempo.

Por suerte, no todo está perdido! Hay muchos hilos y agujas, tengo un gran equipo y, a decir verdad, creo que me estoy convirtiendo en una excelente costurera.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Mirror, mirror...

Sé que llego tarde a esta fiesta, igual de tarde que al resto de mi vida. Voy corriendo por casa mientras me subo la cremallera del vestido, buscando una tijera para cortar la etiqueta de las medias que, en una torpe tentativa de impresionar, me compré esta mañana. Busco los zapatos: taconazos de 13cm., no vaya a ser que llegado el momento "no esté a la altura", y me subo a ellos. Corro hasta el baño, reviso el pelo... he hecho lo que he podido; compruebo el maquillaje... aún tras las sombras, eyeliners y rimel se divisan los restos de unos ojos que no quieren sino quitarse este disfraz y volver a su largo invierno de franela; pero no, esta noche no toca eso. Esta noche toca parecer que soy yo, y que todo este tiempo escondida no ha significado nada, no ha cambiado nada, que no ha sido por necesidad.
Así que dí un portazo a la comodidad y llamé al ascensor, que me recibió como de costumbre, con un espejo lo suficientemente grande para obligarme a ver lo que no quería mirar: a una pobre chica sumergida en un ridículo intento de sentirse atractiva, deseada, querida... cualquier cosa que implicase algo mejor que lo que sus mantas y libros le deparaban. Vi a una chica que hacía tiempo no veía, y lo peor es que no la echaba de menos. Ahí estaba yo, aparentando ser "dancing queen" y siendo tan crítica conmigo como la última vez que me detuve frente a mí; analizando de dónde debería quitarme unos kilos, qué necesito tonificar, preguntándome si existirá algún maquillaje que tape estas horribles ojeras e imperfecciones de mi rostro, intentando averiguar la razón de este malogrado corte de pelo, y sobretodo, rogando a Dios que me recordase en qué momento creí que tenía derecho a ponerme unas medias como las que llevaba el maniquí de aquella tienda.
Cuando volví la mirada hacia mi cara, una lágrima negra caía por mi mejilla. Marqué el tercero, abrí la puerta de casa y... desde ese día utilizo las escaleras.



Audio: LoveMe


lunes, 14 de octubre de 2013

La manada

Quizá este blanco se deba a cobardía, a falta de esfuerzo, a miedo a entresacar. Quizá este blanco no admite matices pero sí disculpas. Quizá es sólo un reflejo de la realidad: tan blanca, tan llena de tanto, que acaba siendo ausencia de todo: de ganas, de garra, de fe. Y sé que tengo tanto dentro que resulta más difícil saber por dónde empezar que seguir metiendo donde ya ni siquiera cabe.
Aunque ya que hoy no es ni mejor ni peor día que otro cualquiera, empezaré por contar cómo perdí mi confianza en las manadas, si es que lo recuerdo... Sé que un día normal, de una semana corriente y un mes de lo más común me sentí sola: miré y no había nadie, busqué y no encontré, grité y solo obtuve eco, y así día tras día. 
Todo el grupo corríamos, por aquel entonces, hacía donde algunos pocos dijeron que estaba Felicidad. Solo debíamos coger el camino de Progreso y avanzar lo más rápido posible. Con lo cual así fue: corrimos tanto que no dejamos ni huellas en el suelo, por si un día necesitábamos retroceder sobre nuestros pasos; empezamos a no frenar ya fuese domingo o fecha señalada; nos concentramos tanto en llegar que nadie echó de menos a quién se quedó por el camino... Y allí me vi, sin ver ni de lejos el cartel de Felicidad, sin nadie orgulloso del esfuerzo que hice por llegar hasta allí, sin una mano de todas aquellas que un día fuimos. 
Ese fue el instante en que supe que ya no quería ningún hueco en ninguna manada, y me construí una pequeña casita que siempre llevo puesta, no muy cómoda para los pocos visitantes que vienen, pero a fin de cuentas soy yo quien carga con ella. No avanzo tan rápido ni soy tan fuerte como en mis tiempos de jauría, pero al menos estoy muy tranquila a este lado de mi caparazón.

martes, 6 de agosto de 2013

"Eres responsable para siempre de lo que has domesticado."

Hubiera sido mejor que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora... 
...nunca sabré cuándo preparar mi corazón.

miércoles, 26 de junio de 2013

Combustión

Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es admirable. 
Aunque solo por esta noche, y si me lo permites, déjame crecer desde tus pies a la sonrisa, abrazarte hasta el punto de darnos la espalda, déjame tocar como si mañana lo fueran a prohibir, sobredosis de caricias antes de dormir. Y podremos seguir siendo aquellos que por un instante se conocieron completamente. Qué equivocados estábamos: aún no nos conocíamos con los ojos cerrados.
Baja la luz, sube el calor, búscame en los centímetros de este colchón; sube la luz, va saliendo el sol, ya se encargará él de bajar el telón. Y ahora... Ahora puede que sea hora de dormir; aunque si me das a elegir... siempre es dulce el insomnio si me desvelo sobre ti.