...nunca sabré cuándo preparar mi corazón.
Intentó desnudarse por completo, pero no logró soltar el nudo que tenía en la garganta.
martes, 6 de agosto de 2013
"Eres responsable para siempre de lo que has domesticado."
Hubiera sido mejor que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora...
miércoles, 26 de junio de 2013
Combustión
Que alguien te haga sentir cosas sin ponerte un dedo encima, eso es admirable.
Aunque solo por esta noche, y si me lo permites, déjame crecer desde tus pies a la sonrisa, abrazarte hasta el punto de darnos la espalda, déjame tocar como si mañana lo fueran a prohibir, sobredosis de caricias antes de dormir. Y podremos seguir siendo aquellos que por un instante se conocieron completamente. Qué equivocados estábamos: aún no nos conocíamos con los ojos cerrados.
Baja la luz, sube el calor, búscame en los centímetros de este colchón; sube la luz, va saliendo el sol, ya se encargará él de bajar el telón. Y ahora... Ahora puede que sea hora de dormir; aunque si me das a elegir... siempre es dulce el insomnio si me desvelo sobre ti.
Aunque solo por esta noche, y si me lo permites, déjame crecer desde tus pies a la sonrisa, abrazarte hasta el punto de darnos la espalda, déjame tocar como si mañana lo fueran a prohibir, sobredosis de caricias antes de dormir. Y podremos seguir siendo aquellos que por un instante se conocieron completamente. Qué equivocados estábamos: aún no nos conocíamos con los ojos cerrados.
Baja la luz, sube el calor, búscame en los centímetros de este colchón; sube la luz, va saliendo el sol, ya se encargará él de bajar el telón. Y ahora... Ahora puede que sea hora de dormir; aunque si me das a elegir... siempre es dulce el insomnio si me desvelo sobre ti.
lunes, 10 de junio de 2013
La vida breve de los versos
Tengo treinta y dos motivos (sin sumar las mitades) lo suficientemente pesados como para escribir hasta desgastar las teclas; uno por cada noche de doce horas, supongo. El problema es que las palabras, cuando abandonan los labios, pierden el efecto mágico que profesan, y en el momento en que las repitas no evocarán sino el recuerdo de aquella primera vez, cuando, como poco, te sacaron una sonrisa.
Y es que hay que saber en qué momento gastar los cartuchos, hay que saber qué dejar para esas ocasiones en las que debemos apelar al corazón en pleno, hay que reservar lo más increíble por decir, hasta encontrar el instante que lo convierta en eterno... ¿O no?
Me pregunto si aquella vez, mientras le ayudaba con la cena, debí decirle que no me importaba su manía de ahogar la ensalada en vinagre, mientras le pudiera ver hacerlo cada noche. También me callé cuando, tras gritarnos como locos en aquel polígono, sacó un regalo de la guantera del coche y zanjó así la discusión. No tuve qué decir la noche que me abandonó en aquella capital europea, y cuando huía enfadada de él me agarró del brazo y me sorprendió con una frase capaz de erizar la piel a cualquiera.
Debí de estar a la altura, pero no es fácil igualar a alguien que dos veces al mes asciende once mil metros durante cuatro horas solo por descolocar mis sábanas.
Así que sí, creo que las gracias se quedaron cortas aquella mañana que me despertó con el desayuno y dejó de lado su alergia a las naranjas para exprimirme un zumo, la tarde en que me llevó a cruzar la frontera o la noche en que llamó a mi timbre, después de dar vueltas y vueltas, con mi helado favorito.
Me reservé en cada ocasión las grandes palabras que hubieran marcado la diferencia, solo por no agotar los recursos, sin darme cuenta de que él es capaz de sobrecogerme cada medio minuto sin llegar a caer en la repetición. Qué injusto, y qué genial. Genial que me quiera conocer de nuevo en los bares, y no le importe inventarse distintas identidades; genial que sea capaz de hacer que hasta un insulto suene cariñoso; genial que no cesara en pensar que merecía la pena. E injusto que lo único que yo hiciese fuera llenar de besos Milán, y a ver ahora dónde caben todos los que nos quedan por dar...
Y es que hay que saber en qué momento gastar los cartuchos, hay que saber qué dejar para esas ocasiones en las que debemos apelar al corazón en pleno, hay que reservar lo más increíble por decir, hasta encontrar el instante que lo convierta en eterno... ¿O no?
Me pregunto si aquella vez, mientras le ayudaba con la cena, debí decirle que no me importaba su manía de ahogar la ensalada en vinagre, mientras le pudiera ver hacerlo cada noche. También me callé cuando, tras gritarnos como locos en aquel polígono, sacó un regalo de la guantera del coche y zanjó así la discusión. No tuve qué decir la noche que me abandonó en aquella capital europea, y cuando huía enfadada de él me agarró del brazo y me sorprendió con una frase capaz de erizar la piel a cualquiera.
Debí de estar a la altura, pero no es fácil igualar a alguien que dos veces al mes asciende once mil metros durante cuatro horas solo por descolocar mis sábanas.
Así que sí, creo que las gracias se quedaron cortas aquella mañana que me despertó con el desayuno y dejó de lado su alergia a las naranjas para exprimirme un zumo, la tarde en que me llevó a cruzar la frontera o la noche en que llamó a mi timbre, después de dar vueltas y vueltas, con mi helado favorito.
Me reservé en cada ocasión las grandes palabras que hubieran marcado la diferencia, solo por no agotar los recursos, sin darme cuenta de que él es capaz de sobrecogerme cada medio minuto sin llegar a caer en la repetición. Qué injusto, y qué genial. Genial que me quiera conocer de nuevo en los bares, y no le importe inventarse distintas identidades; genial que sea capaz de hacer que hasta un insulto suene cariñoso; genial que no cesara en pensar que merecía la pena. E injusto que lo único que yo hiciese fuera llenar de besos Milán, y a ver ahora dónde caben todos los que nos quedan por dar...
lunes, 27 de mayo de 2013
El camino al éxito
"Es posible que lleves tiempo pensando que no sabes qué
hacer con tu vida, que no sabes hacia dónde quieres ir, pero que pase lo que
pase quieres tener éxito. Vamos a hablar sobre el éxito.
Prácticamente todos los días me llegan mensajes de gente que dice: “tengo que
elegir carrera y no sé qué hacer. Quiero tener un trabajo de éxito y que me dé
dinero, pero no sé qué es lo que tiene más salidas…”. Este es el comienzo del
camino hacia el fracaso. ¿Qué es lo que quieres hacer? ¿Qué es lo que te
apasiona? Ves gente con trajes y dinero, y con trabajos estresantes y crees que
eso es éxito. Eso no es éxito. Lo único que quieres entonces es dinero, y nadie
va a poder ayudarte con eso porque, permíteme que te lo diga, todo el mundo
quiere dinero, eso no te hace especial. A pesar de todo eso hay gente que tiene
objetivos, tiene metas, sueña con cosas… Pero no paran de ponerse excusas. “No
sé lo suficiente… Hay mucha crisis… No tengo dinero para arrancar este
proyecto… No tengo recursos…”. Esto es todo mentira. El recurso más importante
para hacer cualquier proyecto está en tu cabeza.
¿Sabes por qué se paga tanto por la gente con ideas? Porque
no se pueden producir en masa. No importa cuánto dinero tenga una persona, ese
dinero jamás será capaz de producir las ideas geniales que tu mente puede crear
en una habitación que está vacía. Y si lo intentas, y tienes una idea, y sueñas
con ella, te van a decir que es imposible. Que seas realista. Incluso igual tú
mismo te llegas a decir que seas realista, que no se puede hacer. ¿Cuánta gente
que ha tenido éxito en su vida ha sido realista? La persona que decidió que iba
a poner un barco de metal gigante en el agua y que iba a transportar a gente,
no estaba siendo realista. La persona que inventó internet, un medio de
comunicación que conecta de forma invisible a todas las personas del mundo, no
estaba siendo realista. ¿Por qué querría alguien ser realista? Si en el momento
en que desechas tu idea y abres la puerta a ese “ser realista” estás aceptando
y haciendo posible que esa idea de imposibilidad se cumpla. Pero bueno, tampoco
te engañes pensando que el éxito es tan solo una idea, solo un sueño. Alguien
muy sabio dijo una vez que el éxito es un 1% de inspiración y un 99% de
transpiración, es decir, de esfuerzo. Esto quiere decir con otras palabras que
el trabajo duro vence al talento cuando el talento no se está esforzando.
Existe un defecto generalizado que consiste en no saber diferenciar entre
talento y habilidad. El talento es algo con lo que nacemos, la habilidad es
algo que se crea con determinación y con horas y horas de dedicación a lo mismo.
Y no importa cuánto talento tengas, tu talento te va a fallar como no pongas en
práctica tus habilidades. Hay muchísima gente genial que se acomoda en ese
talento y no tiene talento en un campo, porque eso no es suficiente. Tienes que
pararte y pensar: “¿cuánto deseo esto? ¿Cuánto quiero llegar a esta meta y
cuánto estoy dispuesto a dar para cumplir este objetivo?” Porque esto es lo que
te vas a tener que recordar constantemente para cumplir este objetivo.
Piensa que en el camino la competencia va a ser brutal.
Mientras estés durmiendo va a haber alguien que esté trabajando para ser el
mejor en lo mismo en lo que tú quieres tener éxito. Mientras estés descansando
o aireándote va a haber alguien que va a seguir trabajando en lo mismo en lo
que tú quieres tener éxito. Y si no estás dispuesto a poner todo ese esfuerzo,
quizá simplemente no hayas sido sincero y esa no es la meta a la que quieres
llegar, quizá no es el objetivo al que querías llegar, porque si lo es te
aseguro que te vas a esforzar, vas a trabajar todos los días como si fuese el
último día en el que puedes trabajar en eso. Como si no tienes más tiempo y
está toda la gente en tu nuca gritándote que es lo que tienes que hacer. Así
que deja de culpar a toda la gente que tengas a tu alrededor de tu falta de
éxito, deja de pensar que tienes mala suerte, deja de creer que el universo
está en contra de que tú consigas algo o de que hay alguien que está dispuesto
a hacer lo que sea para que no llegues a conseguirlo, porque sinceramente todas
son mentira, y todas son verdad en la medida en que nosotros permitamos que lo
sean. Si quieres algo, hazlo. Haz todo lo que esté en tu mano, cada hora, cada
día, cada semana para conseguirlo. Dicen que el precio del éxito es altísimo,
pero es que la recompensa también. Que si te arriesgas lo puedes perder
absolutamente todo, pero también vas a ganar un montón de cosas mucho más
importantes que las que vas a perder. Deja de lado la negatividad y deja de
ponerte excusas para no salir de tu zona de confort. Deja de decirte que ya lo
harás, ayer era tarde. Ya tendrás tiempo después de volver, cuando lo hayas
conseguido, y decirles a todos los que te están diciendo que no es posible que
ya lo has hecho.
Si necesitas un consejo para saber qué es lo que puedes hacer, decídelo tú. Nadie mejor que tú puede decidir qué es lo que puedes hacer y qué es lo que vas a hacer. Y sobretodo ten un montón de paciencia, siempre ten paciencia hagas lo que hagas. Las películas con sus pequeñas secuencias de 30 segundos en las que pasan meses y alguien consigue algo han hecho que tengamos la idea de que las cosas se consiguen en tres días, y que si en tres días no lo has conseguido, lo tienes que dejar porque va mal. Las cosas requieren muchísimo tiempo y muchísimo esfuerzo. Y como no estés dispuesto a hacerlo, no lo vas a conseguir, te vas a quedar en esa mediocridad de pensar que lo podrías haber hecho pero nunca llegaste. Alguien a quien admiro mucho, en una entrevista, dijo que no intentes construir un muro. No te digas a ti mismo: “voy a construir el muro más increíble y más impresionante que se ha construido jamás”. En vez de eso di: “voy a colocar este ladrillo de la forma más perfecta que se puede colocar un ladrillo”. Y haz eso todos los días. Así es como se construye un muro.
Solo te hace falta un momento de locura y de decir
“lo voy a hacer”, porque en el momento en que tú decidas que vas a hacer algo,
es el momento en que lo vas a hacer realidad."
lunes, 6 de mayo de 2013
Géminis
Te quiero porque, a medida que pasan los años, tu nunca sumas más de quince. Porque eres pequeña, y a veces infinitamente indefensa. Te quiero porque tienes el don del llanto controlado, y aunque me asusta, me gusta. Te quiero porque nunca serás capaz de empezar una cerveza sin ponerte bigotitos de espuma, ni comer nada sin antes tener unos segundos de disfrute mirándolo. Te quiero porque una vez me preguntaste qué era lo que en verdad quería, y prometiste no parar hasta que lo consiguiésemos. Te quiero porque eres la encargada de trazar un plan loco y arriesgado, que sólo puede ser reemplazado por otro más loco aún; y en ello estamos... Te quiero porque todo géminis tiene dos caras, y si tengo que elegir, me quedo contigo. Te quiero, pero qué caro me sale... Te quiero, pero no me regales más días como hoy; déjame, de vez en cuando, ser yo quien lleve el control.
Primer domingo de mayo
¿Serías capaz durante siete años de entregarte a alguien sin reservas, de darlo todo sin límites, sin dudas ni temores, sabiendo que esa persona a la que quieres más que a nada en el mundo olvidará casi todo lo que habréis vivido juntos? ¿Aceptarías que tus atenciones, tus gestos de amor se borraran de su memoria, y que la naturaleza, a la que le horroriza el vacío, llenara un día esa amnesia con reproches y anhelos no cumplidos?.
Consciente de que todo ello es inevitable, ¿encontrarías, pese a todo, la fuerza de levantarte en mitad de la noche cuando la persona a la que quieres tiene sed, o simplemente una pesadilla?, ¿tendrías ganas todas las mañanas, de prepararle el desayuno, de velar por distraerla todo el día, divertirla, leerle cuentos cuando se aburra, cantarle canciones, salir porque necesitará que le de el aire, incluso cuando hace un frío helador? y, al llegar la noche, ¿ignorarías el cansancio, irás a sentarte al pie de su cama para aplacar sus miedos y hablarle de un porvenir que, irremediablemente vivirá lejos de ti?.
Si tu respuesta a cada una de esas preguntas es sí, entonces perdóname por haberte juzgado mal, sabes de verdad lo que es amar.
Consciente de que todo ello es inevitable, ¿encontrarías, pese a todo, la fuerza de levantarte en mitad de la noche cuando la persona a la que quieres tiene sed, o simplemente una pesadilla?, ¿tendrías ganas todas las mañanas, de prepararle el desayuno, de velar por distraerla todo el día, divertirla, leerle cuentos cuando se aburra, cantarle canciones, salir porque necesitará que le de el aire, incluso cuando hace un frío helador? y, al llegar la noche, ¿ignorarías el cansancio, irás a sentarte al pie de su cama para aplacar sus miedos y hablarle de un porvenir que, irremediablemente vivirá lejos de ti?.
Si tu respuesta a cada una de esas preguntas es sí, entonces perdóname por haberte juzgado mal, sabes de verdad lo que es amar.
-Las cosas que no nos dijimos-
viernes, 5 de abril de 2013
Skin
Todo el día ella esperó la noche en que la invitaran a salir, para ser la bailarina de alguien, para perderse en la multitud. No hay necesidad de hablar porque la música está muy alta, hasta que un taxi la conduce a una mañana llena de dudas.
Puedes sentirte parte de algo si eres parte de la escena; puedes hacer que tu vida parezca bella añadiendo hielo y ginebra. Lávate el maquillaje y prepara una aspirina, puedes salir de este vestido de fiesta, pero no puedes salir de esta piel.
Su casa se encuentra donde su corazón está, por todas las fiestas por las que se mueve. Se dice a sí mismo que no puede estar solo porque nunca lo ha estado, pero todos los amigos que hace por la noche, por la mañana ya no están. Y se marchó, con sus cuatro paredes, su dolor de cabeza y su teléfono en silencioso. (...)
Puedes sentirte parte de algo si eres parte de la escena; puedes hacer que tu vida parezca bella añadiendo hielo y ginebra. Lávate el maquillaje y prepara una aspirina. Puedes salir de este vestido de fiesta, pero no puedes salir de esta...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)