Intentó desnudarse por completo, pero no logró soltar el nudo que tenía en la garganta.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El abuelo

Tenía 80 años cuando me habló por primera vez de esa manera. Era la voz de alguien que ha asumido que la vida, por muy larga que sea, es breve.
Yo tenía 20 años cuando me habló así. Sus ojos brillaban, vidriosos; ojos que han visto más de lo que quisieran, pero menos de lo que esperaban. Su tono de voz estaba quebrado y lleno de nostalgia. Escogía las palabras muy cuidadosamente, buscando con pocas frases resumir años y años de una vida llena de proyectos, unos acabados y otros sin empezar siquiera, feliz, después de todo.
Se crió con lo que había, aunque tampoco necesitaba mucho más: padres, hermanos y algo que llevarse a la boca. Creció destacando ya desde joven, y tuvo la suerte de un día cualquiera estar en el momento exacto, en el instante oportuno para cruzarse con una morena de larga coleta que paseaba en bici por el pueblo. Quedó prendido, y supo que era ella. Supo que no sería fácil, y que las tres primeras veces recibiría un no rotundo, pero no le importó, porque a la cuarta ella comprendería que era él.
Seis hijos, diez nietos y una victoria ante la muerte más tarde, él me hizo ver que en nuestro camino vamos perdiendo a personas, vamos dejando trocitos de nuestra vida a los demás, superamos los obstáculos que un día creímos insalvables, vencemos, a veces perdemos e, incluso nos retiramos antes de tiempo.
A sus 80 años me miró a los ojos y vi a una persona que cada día hace balance de su vida, y le resulta positivo. Vi a alguien con planes, con proyectos, alguien que no piensa que ese desayuno puede ser el último. Alguien que vive. Alguien que quiere más, que busca superarse, que no se conforma.
¿Puede haber algo mejor?

lunes, 12 de marzo de 2012

Ven, vete, quédate...

Los años que pasamos juntos me cambiaron. Fiel creyente del "nadie merece tus lágrimas y quien las merezca no las causará" tuve que aferrarme a un "quien bien te quiere te hará llorar" sólo por no tener que dar el paso al "mejor solo que mal acompañado".
Crecimos juntos, maduramos, comenzamos a ver el mundo con los ojos de quien descubre que el primer amor no es el definitivo. Los ojos de quien empieza a comprender que, tras unos meses, se pierden las mariposas en el estomago pero se gana, por ejemplo, en complicidad.
Días de tormentas, semanas de soles. Días de ven conmigo y noches de no me abandones.
La historia de los reenganches y las segundas oportunidades, a veces bien amortizadas, a veces desperdiciadas. De vez en cuando una pausa en la eterna caída en picado que nos recordó por qué seguir intentándolo. Pero no fue suficiente.
Relaciones tormentosas que nos atan, nos marcan. Relaciones dañinas que se nos graban a fuego en la piel, que mantienen sensaciones fluctuando por nuestras venas. Que nos recuerdan que una vez sentimos, que soñamos, que vivimos al fin y al cabo.
Relaciones de esas que te enseñan con dulzura a querer, pero obligan a olvidar a punta de pistola.

El Pensamiento Negativo, Risto Mejide

Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo. Lo poco que sé de la vida está en las lineas que no escribí. Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos. Que nadie se emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea. 
(...)
Entre lo poco que sé de la vida también te diré que nada de esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de luna. Ese es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue y te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz, y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo que va. Ojalá ames mucho y muy bueno, aún a riesgo de ser correspondido. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a enmendarlas con el hilo de alguna otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se frustren todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos.

(...)

miércoles, 7 de marzo de 2012

Que no te vendan amor sin espinas

Queda algo por decir del amor? Hay algo de lo que no se haya hablado ya? Se han escrito miles de millones de canciones de amor, decenas de libros, cientos de poesias, se han ofrecido conferencias, charlas, seminarios y todo lo que puedas imaginar acerca de ello, y lo mejor de todo es que aún nadie sabe lo que es...
Es un supuesto que por mucho que leas o te cuenten sobre ello no lo comprenderás hasta que te enamores, pero ¿es eso verdad?. No es suficiente. Enamorarse sólo te inicia en algo que dura toda la vida. No entenderás lo que es sin pasar por todas las caras de la figura. Y es que para comprender lo que el amor supone hay que conocer tambien el desamor; para ver lo mágico de tener a alguien hay que saber lo que se siente al no ser correspondido. Para apreciar los pétalos de la rosa hay que pincharse con las espinas.
Pasaremos por todo ello y aún así sólo entenderemos una tercera parte de lo que supone, pero, con suerte, esa tercera parte nos hará infinitamente felices.

Los hilos que no nos separan

Cada día estoy más convencida de que permanecemos unidos para siempre a las personas que nos marcan de verdad. Como con un hilo invisible que nos ata, y que por mucho que nos alejemos hace que nunca sea lo suficiente. Más bien como una goma elástica rodeando nuestras cinturas, que nos permite andar y coger espacio, pero un paso más de lo permitido hace que la goma tire y nos devuelva a esa persona.
La mitad de los que leáis esto me entenderéis demasiado bien, por suerte o por desgracia, y la otra mitad, algún día sabréis de que hablo...
Siempre, nos guste o no, existirá alguien por quien renunciamos a lo que somos y lo que creemos. Inevitablemente. Pueden pisarnos, malquerernos y hacernos jurar que una y no más, pero debemos aprender que eso no siempre es malo: nos ayuda a reinventarnos, a afrontar los hechos, recomponernos, levantar la cabeza y empezar a andar.
Puede que el camino sea largo y feliz. Puede que miremos atrás y lo que nos quede sea bonito de recordar, puede que, al fin y al cabo, sigamos con nuestra vida con total normalidad, pero ¿qué pasará el día que el elástico se encoja y provoque un encuentro casual? Ahí es donde de verdad notarás que por mucho que pase el tiempo, y por mucho que amaguemos cambiar, los hilos nunca desaparecen...

lunes, 5 de marzo de 2012

Una de película

"¿Cualquier cosa que se acerca a la intimidad te da miedo? Estar contigo fue como ir a un lugar en el que nunca había estado. Por primera vez vez todo me pareció claro, era una progresión clara, estar juntos era el mejor plan de mi vida y no lo había programado; estar contigo me hizo pensar que no tenía que hacer más planes porque ya estaba viviendo de verdad, y que por primera vez en mi vida no tenia que esforzarme tanto para poder ser feliz y nada podrá hacerme mas daño que tu reacción ante esa experiencia."

domingo, 4 de marzo de 2012

Los domingos en que nos quisimos

Otra vez es domingo. No sé que es exactamente lo que tienen pero, como poco, magnetismo romántico. Seguramente será una tontería, no se. Sólo sé que es el día de la semana en que más echo de menos tener a alguien cerca, el día en que más pienso y que más recuerdos me provoca. Algunos buenos, otros no tanto...
Justamente este domingo ha tenido algo distinto: sin querer he leído en alto un "te quiero mucho", y me he dado cuenta de que hace demasiado tiempo que no lo digo. No es que no tenga a quien decirlo, ya que por suerte me sobran personas a quien querer, sino que ese "te quiero mucho" que ya no utilizo no es el que se usa con una madre, o una amiga. Ese "te quiero mucho" es el "te quiero mucho" por excelencia; el de los domingos al despertar después de un abrazo, el de los domingos por la tarde en el momento menos pensado, el de los domingos por la noche justo antes de dormir.. ese y sólo ese "te quiero mucho" es al que me refiero.
A menudo nos quedamos en los problemas superficiales y olvidamos lo realmente bonito que es querer a alguien que, a la vez, te quiere a ti. La auténtica magia de los te quiero verdaderos, que pueden incluso salvarnos la vida.